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¿QUÉ ES EL METAVERSO?

Es aún una idea en desarrollo y alguien ajeno a la industria le podría parecer simplemente una versión mejorada de la realidad virtual (VR, por sus siglas en inglés). Pero los expertos dicen que será a la VR lo que los smartphones fueron, en términos de revolución tecnológica, a los rudimentarios primeros teléfonos inteligentes. A este universo virtual se accedería con un visor de VR y probablemente con un avatar en 3D, y conectaría todo tipo de entornos digitales.

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A diferencia de la realidad virtual actual, que se utiliza principalmente para los videojuegos, el metaverso se usaría pues para todo tipo de actividades: trabajo, juegos, conciertos, cine o simplemente para pasar el rato.

Facebook, por ejemplo, ha estado experimentando con una aplicación de reuniones de realidad virtual llamada Workplace y un espacio social llamado Horizons en las que se utilizan avatares.

Otra aplicación de realidad virtual, VRChat, se centra por completo en pasar el rato on line y charlar, sin otro objetivo o propósito que no sea explorar entornos y conocer gente.

¿Por qué se volvió importante de repente?

El interés por los mundos digitales y la realidad aumentada resurge cada tanto en cuanto. Y ahora hay un gran entusiasmo por el metaverso entre los inversores con gran capital y los gigantes de tecnológicos. Nadie quiere quedarse atrás si resulta ser el futuro de internet.

Además, por primera vez existe la sensación de que la tecnología necesaria está casi lista, con los avances en los juegos de realidad virtual y la conectividad.

¿Y que pasa con el dinero del metaverso?

Las transacciones en el mundo virtual generalmente se realizan utilizando criptomonedas. Aparte de las criptomonedas, los tokens no fungibles (NFT) son el método principal para monetizar e intercambiar valor dentro del metaverso.

Un NFT es un activo digital único.

Aunque son principalmente elementos de arte digital (como videos, imágenes, música u objetos 3D), hay muchas cosas que pueden considerarse NFT, incluidas las propiedades virtuales.

En plataformas como OpenSea, donde la gente compra e intercambiar NFT, ahora hay terrenos o incluso casas virtuales.

Para garantizar que los bienes raíces digitales tengan valor, la oferta es limitada, un concepto en economía llamado "valor de escasez".

La idea de gastar miles o incluso millones de dólares para comprar una "tierra" ficticia en un mundo virtual puede sonar absurda. Pero en los últimos meses hemos visto significativas inversiones en terrenos virtuales dentro del metaverso.

La consultora Price Waterhouse Coopers se encuentra entre las últimas firmas en entrar en el mercado inmobiliario de The Sandbox, una de las plataformas de mundos virtuales en las que la gente puede socializar, jugar o acudir a conciertos.

Otra persona compró recientemente por US$450.000 una parcela de tierra en Snoopverse, un mundo virtual que el rapero Snoop Dogg está desarrollando dentro de The Sandbox.

La evolución del metaverso, si es que ocurre, se librará entre los gigantes tecnológicos durante la próxima década, o tal vez incluso más y debemos estar preparados para ello.

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